LA JORNADA DEL HOMBRE EN ROMA
La jornada cotidiana de un romano dependía, como en tantas
otras cosas de su posición y ocupación, y variaba mucho según las personas y el
día en particular. Después de despachar estos
asuntos privados, el pater familias ocupaba su lugar en el atrium (la sala principal de la
casa) para la salutatio matutina momento
en que sus clientes iban a presentarle sus
respetos, a pedirle la ayuda o el consejo que estaba obligado a prestarles, o
simplemente a darle los buenos dias.
Excepto en
ocasiones especiales, a las once de la mañana todos los asuntos estaban concluidos, y
a esa hora se tomaba la comida.

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